Por: - febrero 25th, 2011 - Sin Comentarios »
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Estreno de la semana: En un Rincón del Corazón

Con extrema melancolía y cámaras lentas que hacen de esta película una experiencia cercana a una hermosa tortura, Sofía Coppola nos invita a entrar a un mundo que, de seguro, fue el suyo cuando sólo era la hija pequeña del afamado director Francis Ford Coppola. “En un Rincón del Corazón” (“Somewhere”), es hasta ahora, el peor intento de la directora indie menos indie de la industria, y si bien tiene ciertos elementos que hacen que uno no pueda evitar calificarla de una cinta bella, la verdad es que son 97 minutos que se te pasan como una eternidad.

La película cuenta la historia de Johnny Marco  (Stephen Dorff), un actor cuya fama está en su punto más alto y como es natural, su desapego con la realidad también lo está. Recluído en el Chateau Marmot, famoso hotel de celebridades, Marco encuentra en los mozos y recepcionistas lo más parecido a una familia, quienes no dicen nada por sus constantes fiestas, excesos y la lluvia de mujeres que salen de su habitación por la mañana. Por supuesto, la realidad llega cuando su hija Cleo (Elle Fanning), llega para quedarse con él mientras su madre se toma un break de la vida.

“En un Rincón del Corazón” cuenta una historia que ya hemos visto muchísimas veces y que responde al cliché de una persona muy famosa y exitosa que está sola y sólo se da cuenta de ello cuando su cable a tierra llega y luego se va. Lo lamentable de todo esto, es que contar una historia trillada requiere necesariamente que se le agregue algo para enriquecerla y Sofia Coppola simplemente se vio incapaz de hacerlo. La melancolía y la soledad que la directora trata de mostrar por medio de tomas eternas donde sencillamente no pasa nada, decantan en tediosos minutos donde el espectador llora por cualquier evento que le de un vuelco a la cinta. Vuelco que nunca llega, por cierto.

Lo que sí es detacable de “En un Rincón…” es la fotografía y la música, sobre todo porque ambos elementos corren por el mismo carril: la sencillez. La música de Phoenix (banda del novio de Coppola) cae como anillo al dedo a la hermosa estética general de la película, además de darle un toque aún más indie a la ya interesante fotografía.

Sencillamente, y comparado con peliculones como “Las Vírgenes Suicidas”, “Perdidos en Tokio” o la bella “Marie Antoinette”, éste es el peor intento de Sofia Coppola y nos hace cuestionarnos si es que el león de oro del Festival de Venecia se lo ganó su nombre o su película.

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